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Bizancio, también conocido como Imperio Bizantino, fue una nación perteneciente al Oriente de la Edad Media. Ha sido mencionado en canon (drama CDs de Hetalia), mas de forma incongruente sin aparición alguna, por lo que el perfil exhibido aquí es el de un OC. Éste en cuestión tuvo sus inicios en la infinidad de internet con una base, la cual fue pulida y trabajada por el muñeco de nieve y Fía hasta su estado actual.


Apariencia física Editar

Midiendo 1'80 ms, Bizancio era más alto que la mayoría en su época, debido a su estatus como imperio y gran extensión durante ciertos períodos antecedentes a su decadencia. Tenía la piel de un tono oliva, bronceado mediterráneo común en su familia. Las cejas usualmente formando una arruga en su ceño; gruesas en el comienzo, mas afinándose hasta la punta. Sus ojos eran verdes, herencia materna, tendiendo a brillar con emoción verdadera —o malintencionada, dirían muchos—, con las pestañas largas. Estos resaltaban en tamaño con respecto al resto de sus facciones en su niñez, haciendo que ganase una ligera fijación por los ojos grandes en el arte. En cuanto al resto de su rostro, tenía la nariz recta y lisa (de "perfil griego") y los labios finos. En un panorama general, su cara se veía redondeada, lo mismo con la barbilla. La enmarcaba un flequillo que se partía en el centro y mechones de cabello cubrían sus mejillas, con ello escondiendo una cicatriz que le fue propinada en el saqueo de su capital en 1204.

Hablando del cabello, éste era castaño oscuro, llegando como mucho hasta la media espalda. Debido al excesivo cuidado, era suave y un tanto ondulado, tendiendo a estar recogido en una coleta con un moño. Sin embargo, mechones se salían de ésta y caían por sus hombros. Asimismo, como su padre, poseía dos rulos; uno doble en el lado izquierdo (representando lo helénico) y uno simple en el derecho (representando lo latino). En sus primeros siglos, era peinado por su madre y por tanto se dejaba crecer el cabello, teniéndolo en una trenza. Acerca de los moños, solían tener cruces o el chi-rho, hasta perder el que utilizó durante el saqueo, causando que utilizase el cabello suelto hasta la reconquista de Constantinopla, la cual celebró con un nuevo listón con la bandera de la dinastía Paleólogo.

A nivel de cuerpo, se puede destacar que era robusto, pesando un poco más de lo normal para su estatura debido a la flojera y constante vicio por los dulces. Esto mismo, el avance de su de decadencia y la distribución de su fisionomía hacían que no se viera especialmente fuerte. No obstante, lo fue por la mayor parte de su vida, acabando en una condición endeble dada su posterior enfermedad.

Tuvo numerosas marcas. Las primeras en su espalda, que se acabaron desvaneciendo un poco con el tiempo y se debían a la Plaga de Justiniano. Fue su primera gran recaída por la peste bubónica. La última, en 1348, sería de peste septicémica y le dejaría manchas purpúreas en varias zonas de la piel, en especial los muslos. Entre las cicatrices de guerra, la mayoría se encontraban en su pecho, producto de las gestas contra eslavos, búlgaros, turcos y cualquier suerte de bárbaros. Aparte de la facial mencionada en el comienzo, tuvo otras tres heridas "destacables". Una en el hombro derecho, representando la ruidosa derrota obtenida en la Batalla de Manzikert contra los turcos seleúcidas, la de su muerte (habiendo sido atravesado con una espada en la zona del estómago) y otra en la zona izquierda del pecho, cerca de su corazón que fue producto del Cisma de Oriente, separación entre la iglesia ortodoxa y la católica romana en 1054. No es que se trate de una marca muy grande o profunda, mas sí es importante para él. El conflicto, a pesar de los intentos, no llegó a resolverse a lo largo de su vida y eso llevó a que nunca cicatrizara y permaneciese como herida abierta y le doliera con cierta frecuencia.

En cuanto a forma de vestir, evitaba lo sencillo y por esto no utilizaba uniformes militares sino cuando era estrictamente necesario, puesto que aunque tenía una gama de ellos, no iban con su estilo ostentoso (y en otras palabras, no eran chic). Por lo tanto, se decantaba por vestiduras con estampados de distintos colores que resaltasen a la vista. En un principio la moda eran las faldas largas, pero a medida que creció, la falta de insumos hizo que tuviera atuendos más sobrios. Se puede hablar también de un gran uso de joyas con piedras preciosas para dar un aire de grandeza. Hasta cierto momento, incluso tenía una corona, habiendo sido quien patentó el uso de éstas en general (y debido a su título de rey de reyes), mas la perdió. Tendía a usar capas, ya fuera rojas o púrpura dependiendo de las circunstancias. El uso de la segunda fue condicionado a partir de su época de pobreza, desapareciendo por la imposibilidad de comprar el tinte y volviendo una última vez en abril del año en el que murió como regalo atrasado. Del calzado podemos decir que variaba de sandalias a botas, y estas últimas también solían ser púrpura, color de la realeza.

Descripción psicológica Editar

Lo más evidente acerca de su persona siempre fue un ego gigantesco, desbordando arrogancia. Era una característica que de un modo u otro acababa sacando de quicio al resto del mundo, quien no iba a aguantarse sus tonterías si no era estrictamente necesario. Aquello lo hacía parecer alguien superficial y no muy profundo. Además lo que en su mayoría mostró a los demás fue frialdad. Esto era un hábito típico de él con extraños o extranjeros, haciéndosele complicado en un comienzo mostrar afecto o confiar. Su habitual estoicismo no ayudó a construir una mejor imagen, teniéndole por estricto e insensible, lo cual en ocasiones era verdadero.

Y con esa aparente taima, uno podría creer que ha alcanzado la ataraxia o algo por el estilo. No obstante, a pesar de esconder la mayoría de sus sentimientos, el enojo no entra en esa categoría. Éste tendía a controlarlo por completo al punto en el que podía llegar a niveles extremos en arranques de ira, como bien sucedió durante el Cisma de Oriente.

Mentía mucho (y muy bien). Era una ventaja que utilizaba a su favor para su cometido de esconder lo vulnerable en él, así como para obtener lo que quería. Esta estrategia le servía para evitar conflictos o guerras, aunada a una que otra bolsa de dinero cuando no estaba en bancarrota. Su diplomacia consistió por mucho tiempo en sobornar enemigos y hacer que lucharan entre ellos, previniendo los ataques. El ejemplo más notable de ello es cuando pagó a los bárbaros para que en vez de atacar su capital, se dirigieran hacia Roma, lo cual culminó con el Imperio Romano de Occidente, el cual era para el momento un estorbo para su grandeza.

Aquellos factores, combinados con el hecho de que era físicamente mayor que la mayoría (al ser un imperio, su crecimiento se daba más rápido) para los primeros siglos de la Edad Media lo hacían intimidante, Él lo disfrutaba y mantenía la imagen, siendo que estimulaba su ego de rey por estar por sobre los demás. No obstante, de lo que no se daba cuenta era de lo crueles que podían sonar cosas que para él eran normales, como la mutilación. Hablar de ellas, como era frecuente debido a su uso como castigo, aterraba a los demás.

Dejando esto de lado, incluso sus enemigos podían reconocer algunas de sus virtudes, como por ejemplo que rara vez perdía la fe, y que tendía a perseverar cuando algo (frecuentemente su supervivencia) pendía de un hilo.

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